martes, 3 de febrero de 2009

La pugna entre la OLP y Hamas por representar al pueblo palestino


La Organización para la Liberación de Palestina (OLP) es reconocida en el mundo como "el único representante legítimo" del pueblo palestino, pero su autoridad es contestada por el movimiento islamista Hamas, que busca una nueva estructura para suplantarla.

La OLP reagrupa a los principales movimientos nacionalistas palestinos, especialmente a Fatah y los Frentes Popular y Democrático de Liberación de Palestina (FPLP y FDLP) y está dirigida desde 2004 por Mahmud Abas, jefe de su comité ejecutivo y presidente de la Autoridad Palestina.

La OLP controla la Autoridad Palestina, instaurada el 1 de julio de 1994 tras el regreso del jefe de la OLP, Yaser Arafat, a Gaza después de 27 años en el exilio.

El Consejo Legislativo Palestino (CLP), parlamento de la Autoridad Palestina, ha estado dominado por Fatah durante 10 años, antes de que Hamas tomara el control, para sorpresa general, después de las legislativas de enero de 2006.

Creada en 1964, la OLP fue reconocida en 1974 por la Asamblea General de la ONU y por la Liga Árabe como "el único representante legítimo del pueblo palestino".

La OLP es el organismo que ostenta la representación de todos los palestinos en el mundo, es decir, unos nueve millones, mientras que la Autoridad Palestina sólo representa a los cuatro millones que viven en Cisjordania y en la Franja de Gaza.

Tras la victoria de Hamas en las legislativas de 2006, Abas busca redinamizar la OLP, donde dispone de un mayor margen de maniobra.

El Consejo Central, una instancia intermedia de la OLP, le eligió en noviembre "presidente del Estado de Palestina" para reforzar su liderazgo frente a Hamas, que discute su permanencia al frente de la Autoridad Palestina.

El día a día de la OLP está en manos del Comité Ejecutivo (CEOLP), formado por 18 miembros y presidido por Abas. El Consejo Nacional (CNP, parlamento en el exilio) cuenta con 700 miembros y es la instancia suprema.

Hamas no forma parte de la OLP y para adherirse exige tener una representación que refleje su peso político en los Territorios Palestinos.

En 2005 se alcanzó un acuerdo entre las diferentes facciones palestinas para reestructurar la OLP y dar entrada a Hamas, pero el acuerdo sigue sin aplicarse por las divergencias existentes.

El jefe en el exilio de Hamas, Jaled Mechaal, anunció el pasado miércoles su intención de poner en marcha, junto a otras facciones radicales palestinas, una nueva estructura que "represente a los palestinos en el interior y en la diáspora", sustituyendo a la OLP.

Mechaal "no podrá destruir este edificio (la OLP) porque nadie, ni los palestinos ni fuera, le apoya", replicó Abas.

El énfasis sospechoso

ENRIQUE KRAUZE 04/02/2009

Hace cinco siglos que los judíos fueron expulsados de España, pero a veces pareciera que todavía ronda en España el fantasma del judío, no en las calles de Gerona o las sinagogas de Toledo, sino en el alma de algunos españoles en quienes persiste -soterrado, inconfesable- el viejísimo prejuicio antisemita.

Conviene aclarar, en negativo, qué entiendo por antisemitismo.

Criticar la fundación de Israel teniendo en cuenta el altísimo costo que tuvo que pagar desde entonces el pueblo palestino, no implica por fuerza un acto antisemita: historiadores israelíes de la corriente post-sionista han ejercido y documentado esa crítica. Criticar la política exterior israelí en las últimas décadas conlleva aún menos una actitud antisemita: de hecho, los propios israelíes liberales y de izquierda han visto en los asentamientos un acto de ocupación inadmisible, cruel y, a fin de cuentas, contraproducente.

Criticar la reciente ofensiva israelí en Gaza tampoco supone albergar un prejuicio antisemita: existen argumentos serios contra su desproporción y una indignación general por el sufrimiento de la población civil. Ni siquiera criticar a "los judíos" supone necesariamente un reflejo antisemita: los fanáticos de la identidad suelen generalizar así sus antipatías, lo mismo contra "los judíos" que contra "los yanquis", "los chinos", "los sudacas" o "los gachupines".

Dicho todo lo cual, creo que a raíz de la guerra de Gaza afloraron dos actitudes preocupantes: una roza el antisemitismo, otra lo asume abiertamente.

La primera es la parcialidad noticiosa y editorial de algunos medios con respecto al tema, como si la ofensiva israelí se hubiese dado (casi) en el vacío, sin la provocación previa de los proyectiles de Hamás sobre el sur de ese país y la amenaza cierta de que en un futuro cercano cayeran sobre Tel Aviv.

Creo que no se documentó de manera suficiente el hecho (recogido con amplitud, por ejemplo, en el Corriere de la Sera) de que Hamás puso en posiciones de riesgo militar deliberado y forzado a su población civil.

Creo que ese énfasis condenatorio no se ha visto en otras tragedias: pienso en Chechenia, donde fueron torturadas y muertas decenas de miles de personas. La doble moral resulta inexplicable.

Nadie comparó entonces a los rusos con los nazis. Hubiera sido una infamia, a pesar de lo que hicieron en Chechenia. Y es que los rusos sufrieron indeciblemente a manos de los nazis. Los judíos aún más. Otorgar a las víctimas la identidad de los victimarios es una perversidad moral.

Allí reside la segunda actitud, francamente antisemita.

Su expresión más socorrida es la amalgama de maldad: la equiparación (ostentada en las manifestaciones de Madrid y Barcelona) de la Esvástica con la Estrella de David, que a su vez supone la equiparación (formulada por varios importantes escritores y periodistas) de la tragedia de Gaza con el Holocausto.

Se trata de dos fenómenos distintos que por su magnitud y naturaleza no pueden ser homologables.

La amalgama de todos los males conduce a la banalización del mal: si 600 víctimas inocentes son lo mismo que seis millones (aunque la muerte de los seis o 600 sea claramente reprobable) el mal resulta relativo, el mal no importa. Pero aún más decisiva que la diferencia cuantitativa es la diferencia de sentido.

El Holocausto representó la voluntad (cumplida en un 50%) de exterminar un pueblo, de borrarlo, de tratar a niños, mujeres, ancianos como plaga y no como personas. Este exterminio no fue solamente un crimen contra los judíos sino contra el concepto mismo del ser humano. La inteligencia, la racionalidad y el lenguaje desaparecen si no suponemos una semejanza radical entre los hombres.

En el caso actual, son los fundamentalistas islámicos quienes reproducen el ánimo nazi: quieren borrar al otro, en Jerusalén, Nueva York, Madrid o Londres. Ni en esta ofensiva ni en ninguna otra, Israel se ha propuesto exterminar a la población palestina.

Según el Pew Research Center de Chicago, desde 2005 España es el país de Europa donde el prejuicio antisemita ha aumentado más aceleradamente: pasó del 21% al 46%. Según una encuesta realizada por el Observatorio Español de Convivencia Escolar, más de la mitad de los estudiantes de secundaria declararon que preferirían no sentarse junto a un joven judío en sus aulas.

La España tolerante y plural que ha otorgado el Premio Príncipe de Asturias a las comunidades que preservaron el legado de Sefarad no puede -sin negarse a sí misma- desdeñar esos datos sin hacer un análisis valiente y objetivo.

Y la España democrática y moderna, que ha sido víctima reciente del terrorismo islámico, no puede ignorar -sin caer en la esquizofrenia- que Hamás busca la imposición de un régimen fundamentalista mientras que Israel es el único Estado democrático de la región.

¿Qué haría España, mutatis mutandis, en el caso, improbable pero no imposible, de que un triunfo generalizado del islam radical en el norte de África se tradujera en una amenaza sobre sus puertos mediterráneos bajo el pretexto teológico de recobrar el territorio de Al Andalus que fue suyo siete siglos?

En el tema judío, hay que volver a la tradición liberal de Benito Pérez Galdós, quien en tres novelas (Aita Tettauen, Misericordia y Gloria) mostró comprensión y compasión por el drama histórico del pueblo judío. Israel no es una nota al pie de página en ese drama.

Israel es el corolario de ese drama. Si se acepta la legitimidad de su existencia (producto, no olvidemos, de las circunstancias sin precedente creadas por el Holocausto), debe admitirse también su derecho a vivir sin la amenaza cotidiana que ha pendido sobre sus habitantes.

Esa doble aceptación no implica, repito, justificar la política israelí de los últimos decenios. Pero sí implica mirar al conflicto en toda su diabólica complejidad, distinguir la responsabilidad de ambos bandos, y dar a los muertos israelíes el mismo peso que los muertos palestinos.

Implica evitar la inmoral referencia al Holocausto y exorcizar el fantasma del judío para poder verlo como los nazis y los fundamentalistas no lo ven: como un ser humano.

Enrique Krauze es escritor mexicano, director de la revista Letras Libres.

sábado, 31 de enero de 2009

Mito y realidad de los refugiados palestinos.


Eduardo Zalovich, periodista uruguayo-israelí residente en Jerusalén, analiza para El Confidencial la gran mentira de los refugiados palestinos.

En 1947, la ONU votó la partición de Palestina (no de todo su territorio histórico, pues el 75% lo ocupaba ya Jordania) en dos estados: uno judío y otro árabe. Jerusalén sería internacionalizada. Los judíos aceptaron dicha resolución y proclamaron la independencia; los dirigentes árabes la rechazaron e invadieron al nuevo Israel. El llamamiento de los dirigentes musulmanes -entre ellos el líder palestino del momento, el Mufti de Jerusalén, que había colaborado con Hitler- invocó la "guerra santa" para "echar a los infieles al mar". Una guerra de exterminio. Las exhortaciones a la población árabe a abandonar sus hogares y sumarse a las fuerzas invasoras, eran permanentes.

Pero el resultado de la guerra sorprendió al mundo, pues los judíos triunfaron y consolidaron su estado. El grueso del territorio adjudicado al estado árabe fue ocupado por Egipto (Gaza), Jordania (Cisjordania y Jerusalén oriental). Tras la derrota militar, los gobiernos árabes impusieron a los palestinos la permanencia en campos de refugiados. Es decir: los -en aquel momento- 700.000 palestinos que abandonaron sus hogares, no fueron integrados al resto de la población de Jordania, Siria, Iraq o Egipto. Y ello a pesar de que tenían la misma lengua y religión, y de que no existía aún una voluntad nacional palestina autónoma del mundo árabe.

De aquellos campamentos, que ni siquiera los miles de millones de dólares producto del petróleo pudieron erradicar, surgieron todas las organizaciones terroristas palestinas, alimentadas en un odio irracional a "los cristianos, judíos y sionistas". Más de medio siglo después, nadie puede afirmar seriamente que la falta de solución para dichos refugiados se debe a la carencia de medios. Fue en realidad la falta de voluntad árabe lo que ha mantenido a los refugiados en su triste situación. ¿Por qué? Simplemente porque de ese modo tenían un arma propagandística para oponerse a todo acuerdo pacífico.

Hablamos de más de 20 países árabes, con millones de kilómetros cuadrados de extensión, que obviamente poseían infinitamente más recursos que Israel para integrarlos. La diferencia es que los judíos, en menos de 30.000 km2, absorbieron en el mismo periodo a unos 4 millones de inmigrantes, mientras los gobiernos árabes utilizaron a los suyos como arma política permanente. Una opción muy triste, decidida por los verdaderos culpables de la nakba palestina.

¿QUIEN REPRESENTA AL NAZISMO MODERNO?


Es necesario primero reconocer la legitimidad del Estado de Israel, nacido de una decisión internacional sobre una tierra perdida por el Imperio Turco. Nunca fue reconocida por el mundo árabe y este es el principio de todos los males que presenciamos hoy, estamos refiriéndonos a seis décadas atrás.

Todo habría sido diferente si en ese momento los árabes de la región hubieran aceptado la presencia de un estado judío y creado el suyo. Desde entonces Israel enfrentó varias guerras, todas DEFENSIVAS, todas las ganó tomando territorios que devolvió a cambio de paz en tratados subscritos con Egipto y Jordania. No pudo hacerlo con Siria y retuvo los Altos del Golán porque afecta directamente a su seguridad, a tiro de fusil, y no ha podido suscribir con ella ningún tratado de paz. Retiene Jerusalem porque es la esencia del alma judía, los árabes la arriesgaron y perdieron, eso fue algo inesperado. En ambos casos no fue Israel quien provocó y los hechos no pueden volverse atrás.

Israel no es un estado invasor como el estado alemán del nazismo, no es cruel con sus opositores, no mata por motivos étnicos, no persigue a otras religiones, no pretende avanzar más allá de su legítimo territorio, no quiere guerra. Israel no es un estado nazi como se lo quiere presentar a la opinión pública.

A partir de estas verdades indiscutibles, podemos analizar cuál es el conflicto de los israelíes con los árabes palestinos de la región.

Cuando los estados árabes atacaron al recién creado Estado de Israel, a los árabes que vivían dentro de su territorio se les indicó que lo abandonaran para no sufrir las acciones que se iban a emprender contra un estado que estaban seguros derrotarían. Se fueron con las llaves de sus casas porque se les prometió que pronto volverían, pero como Israel pudo sobrevivir los árabes que se fueron quedaron sin hogar y desde entonces nadie se hizo cargo de ellos. Los que quedaron dentro del Estado de Israel hoy gozan de todos los beneficios como cualquier ciudadano y no tienen ningún interés en dejar de serlo. Obviamente, esta es una síntesis con ligeras variantes que no cambian lo substancial.

Hace sesenta años que los árabes de Palestina sostienen una relación conflictiva con los israelíes, agravada por el adoctrinamiento de cada nueva generación a quien se le enseña que Israel les arrebató su tierra. Y no es verdad.

Siempre ha habido un delicado equilibrio entre estos dos pueblos, dentro del estado y fuera de él, que obligó a Israel a proteger la seguridad de sus habitantes cuando arreciaron los atentados, de allí la construcción del muro para que no se infiltraran los terroristas y los puestos de control dentro de Cisjordania por la misma razón. Esto es muy difícil de soportar por los árabes de la región, lo viven como una ofensa y es comprensible, la enorme mayoría no son terroristas pero Israel no tiene alternativa, esto frenó los atentados casi completamente.

Cada vez que pudo Israel se retiró unilateralmente de los territorios conquistados esperando que hubiera paz, lo hizo en Líbano desde donde ahora lo ataca Hezbollah; lo hizo en Gaza, desde donde ahora lo ataca Hamás. No hay reclamo legítimo por parte de Hamás, pero desde allí se ataca a los ciudadanos israelíes y se ha convertido en un territorio enemigo. Pretenden la destrucción del Estado de Israel y la ocupación de su territorio no por sus propios medios, nunca lo lograrían, sino usando a su propio pueblo como víctima para impedir los legítimos ataques de Israel contra un enemigo que no ceja en sus pretensiones. Los medios de todo el mundo son sus aliados, porque hoy las guerras se ganan cuando los diarios callan lo que deberían denunciar y publican lo que deberían condenar. Los organismos internacionales hacen lo suyo, es como si el mundo se hubiera detenido en el momento en que arreciaba el antisemitismo que ahora está renaciendo como en su mejor época.

Estos sí son nazis, quieren destruir un estado y apoderarse de él, matan a sus opositores, persiguen a otras religiones y están tan locos como lo estaba Hitler. No tienen límites, el mundo es su enemigo, el Islam es la ley y todo lo demás debe estar bajo su control; el mismo delirio.

¿Y donde encaja el pueblo palestino en este panorama? Son víctimas de este adoctrinamiento desde que nacen, algunos pueden creerlo por su religión, otros por ignorancia, pero sus peores enemigos son la gente que debería guiarlos hacia la aceptación de que Israel existe y no será vencido. Y creo que la mayoría debe querer vivir como sus hermanos de Israel, ser respetados, mandar a sus hijos a la escuela, tener una vida normal. Esos palestinos deben ser liberados por el mundo y no se los ayudará sosteniendo y legitimando a Hamás, aunque todos declaman que Hamás es un movimiento terrorista. ¿En qué quedamos? Con Hamás no hay trato posible, es inútil que quieran acoplarlo a la Autoridad Palestina, que también tiene pretensiones imposibles de ser aceptadas como "la iniciativa de paz árabe".

Sin embargo, hay otra gente que sabe, que es inteligente y que vive de la generosidad de un mundo que los provee de todo. Esos son los verdaderos culpables de que esta situación empeore día a día. Veo a embajadores, voceros y defensores de Palestina en todos los foros, entrevistas, escenarios internacionales. Palestina, un país que no existe, un país que no produce nada, viven del engaño en que mantienen a su pueblo desde hace 60 años. En vez de arremangarse como hicieron los judíos para construir su estado de la nada, se han dedicado a mentirles, a odiar y a hacerles creer que alguna vez podrán obtener alguna victoria. Y es el mundo quien los alimenta para que puedan tener una vida espléndida. Todavía me pregunto qué castigo tuvo Hamás por lo que le provocó a su pueblo y no encuentro ninguna respuesta.

¿Se puede creer algo más absurdo? ¿O es que el mundo está poniéndose del lado conveniente porque supone que habrá otro Masada... o lo promueve?

Ana.

El enviado de Obama se topa con la realidad en Palestina


Mitchell, de viaje por la región, no oculta su pesimismo y anticipa "reveses"

El enviado especial del presidente Obama para el conflicto entre Israel y Palestina, George Mitchell, apenas ha necesitado pasar unas horas en Jerusalén para concluir que su misión ya se ha topado con importantes obstáculos que oscurecen el futuro de la región.

Una entrevista celebrada ayer con el líder del Likud, Benjamin Netanyahu, a quien los sondeos atribuyen la victoria en las elecciones del 10 de febrero, le puso sobre aviso. Al término del encuentro, Mitchell prefirió recurrir a expresiones vagas y, sin ocultar su pesimismo, dijo que por delante le esperan "reveses".

El enviado de la Casa Blanca añadió que lo más urgente es resolver el problema humanitario en Gaza y luego "seguir adelante". Pero el primer ministro Ehud Olmert ya le indicó el jueves que los pasos de en la Franja estarán cerrados hasta que Hamás no libere al soldado Guilad Shalit capturado hace dos años y medio.

El mismo jueves Netanyahu dejó clara su posición sobre el conflicto al manifestar que si gana los comicios no desalojará ninguna de las colonias judías que hay en los territorios ocupados ni abandonará Cisjordania.

Netanyahu respondía así a una información publicada por el diario Yediot Ahronot, según la cual Olmert habría acordado con el presidente Mahmud Abbás que Israel evacuaría 70.000 colonos de los 280.000 que viven en Cisjordania y entregaría a los palestinos los barrios árabes de Jerusalén.

El diario de Tel Aviv agregó que Israel daría a los palestinos una zona del desierto situada al sur de Cisjordania a cambio de quedarse con un número elevado pero indeterminado de colonias judías y que ningún refugiado palestino expulsado en 1948 volverá a vivir a Israel.

Favorito en los sondeos

"No mantendré los compromisos de retirada de Olmert y no evacuaré ningún asentamiento. Esos compromisos no tienen validez y carecen de importancia", manifestó Netanyahu con absoluta rotundidad.

Si las proyecciones de las encuestas son ciertas, el candidato derechista podrá formar gobierno puesto que los partidos que le apoyan y los religiosos obtendrán una holgada mayoría. Sin embargo, no hay que descartar que el Likud opte por crear una amplia coalición que le sirva de escudo para defenderse de la administración de Obama.

Aunque el presidente de EEUU ha repetido que una de sus prioridades será resolver el conflicto de Oriente Medio, los dirigentes hebreos no parecen estar muy dispuestos a atender las demandas de Obama. Hay quien ya adelanta que en los próximos meses surgirán roces entre ambos gobiernos.

viernes, 30 de enero de 2009

La amiga de Israel Pilar Rahola


¿Por qué no vemos manifestaciones en París, o en Londres, o en Barcelona en contra de las dictaduras islámicas? ¿Por qué no lo hacen contra la dictadura birmana? ¿Por qué no hay manifestaciones, en contra de la esclavitud de millones de mujeres, que viven sin ningún amparo legal? ¿Por qué no se manifiestan en contra del uso de niños bombas, en los conflictos donde el Islam está implicado? ¿Por qué no ha liderado nunca la lucha a favor de las víctimas de la terrible dictadura islámica de Sudan? ¿Por qué nunca se ha conmovido por las víctimas de los actos de terrorismo en Israel? ¿Por qué no considera la lucha contra el fanatismo islámico, una de sus causas principales? ¿Por qué no defiende el derecho de Israel a defenderse y a existir? ¿Por qué confunde la defensa de la causa palestina, con la justificación del terrorismo palestino? Y la pregunta del millón, ¿por qué la izquierda europea, y globalmente toda la izquierda, solo está obsesionada en luchar contra dos de las democracias más sólidas del planeta, Estados Unidos e Israel, y no contra las peores dictaduras? Las dos democracias más sólidas, y las que han sufrido los atentados más sangrantes del terrorismo mundial. Y la izquierda no está preocupada por ello.

Y finalmente, el concepto de compromiso con la libertad. Oigo esa expresión en todos los foros propalestinos europeos. '¡Estamos a favor de la libertad de los pueblos!', dicen con ardor. No es cierto. Nunca les ha preocupado la libertad de los ciudadanos de Siria, de Irán, del Yemen, de Sudan, etc... Y nunca les ha preocupado la libertad destruida de los palestinos que viven bajo el extremismo islámico de Hamás. Solo les preocupa usar el concepto de libertad palestina, como misil contra la libertad israelí.
Una terrible consecuencia se deriva de estas dos
patologías ideológicas: la Manipulación periodística.
Finalmente, no es menor el daño que hace la mayoría de la prensa internacional. Sobre el conflicto árabe-israelí NO SE INFORMA, SE HACE PROPAGANDA. La mayoría de la prensa, cuando informa sobre Israel, vulnera todos los principios del código deontológico del periodismo. Y así, cualquier acto de defensa de Israel se convierte en una masacre y cualquier enfrentamiento, en un genocidio. Se han dicho tantas barbaridades, que a Israel ya no se la puede acusar de nada peor. En paralelo, esa misma prensa nunca habla de la ingerencia de Irán o Siria a favor de la violencia contra Israel; de la inculcación del fanatismo en los niños; de la corrupción generalizada en Palestina. Y cuando habla de víctimas, eleva a la categoría de tragedia a cualquier víctima palestina, y camufla, esconde o desprecia a las víctimas judías.
Acabo con un apunte sobre la izquierda española. Muchos son los ejemplos que ilustran el antiisraelismo y el antiamericanismo que definen el ADN de la izquierda global española. Por ejemplo, un partido de izquierdas acaba de expulsar a un militante, porqué ha creado una web de defensa de Israel. Cito frases de la expulsión: 'Nuestros amigos son los pueblos de Irán, Libia y Venezuela, oprimidos por el imperialismo. Y no un estado nazi como el de Israel'. Otro ejemplo, la alcaldesa socialista de Ciempozuelos cambió el día de la Shoá, por el día de la Nakba palestina, despreciando, así, a más de 6 millones de europeos judíos asesinados. O en mi ciudad, Barcelona, el ayuntamiento socialista ha decidido celebrar, durante el 60 aniversario del Estado de Israel, una semana de 'solidaridad con el pueblo palestino'. Para ilustrarlo, invitó a Leila Khaled, famosa terrorista de los años 70, actual líder del Frente de Liberación de Palestina, que es una organización considerada terrorista por la Unión Europea, y que defiende el uso de las bombas contra Israel. Y etcétera. Este pensamiento global, que forma parte de lo políticamente correcto, impregna también el discurso del presidente Zapatero. Su política exterior cae en todos los tópicos de la izquierda lunática y, respecto a Oriente Medio, su actitud es inequívocamente pro-árabe. Estoy en condiciones de asegurar que, en privado, Zapatero considera a Israel culpable del conflicto, y la política del ministro Moratinos va en esa dirección. El hecho de que el presidente se pusiera una Kefia palestina, en plena guerra del Líbano, no es una casualidad. Es un símbolo. España ha sufrido el atentado islamista más grave de Europa, y 'Al Andalús' está en el punto de mira de todo el terrorismo islámico. Como escribí hace tiempo, 'nos mataron con celulares vía satélite, conectados con la Edad Media'. Y, sin embargo, la izquierda española está entre las más antiisraelíes del planeta.
¡Y dice ser antiisraelí por solidaridad! Esta es la
locura que quiero denunciar con esta conferencia.

CONCLUSIÓN.
No soy judía, estoy vinculada ideológicamente a la izquierda y soy periodista. ¿Por qué no soy antiisraelí, como la mayoría de mis colegas? Porqué, como no judía, tengo la responsabilidad histórica de luchar contra el odio a los judíos, y, en la actualidad, contra el odio a su patria, Israel. La lucha contra el antisemitismo no es cosa de judíos, es obligación de los no judíos. Como periodista, estoy obligada a buscar la verdad, más allá de los prejuicios, las mentiras y las manipulaciones. Y sobre Israel no se dice la verdad. Y como persona de izquierdas, que ama el progreso, estoy obligada a defender la libertad, la cultura, la convivencia, la educación cívica de los niños, todos los principios que las Tablas de La Ley convirtieron en principios universales.
Principios que el islamismo fundamentalista destruye sistemáticamente. Es decir, como no judía, periodista y de izquierdas tengo un triple compromiso moral con Israel.
Porqué, si Israel fuera derrotada, serían derrotadas la modernidad, la cultura y la libertad.
¡La lucha de Israel, aunque el mundo no lo quiera saber, es la lucha del mundo!

La solución de Gaza pasa por Naciones Unidas


Propuestas concretas para avanzar en la desmilitarización de la Franja

Por George Chaya, 30 de Enero de 2009
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas debería reunirse inmediatamente y declarar Gaza como zona de emergencia bajo el paraguas de Naciones Unidas en virtud del Capítulo VII, y enviar inmediatamente una Fuerza Multinacional de Pacificación a la Franja en coordinación con Israel y la Autoridad Nacional Palestina.

(Desde Buenos Aires) SERÍA MUY FACIL LOGRAR LA PAZ en Oriente Medio si la totalidad de los actores involucrados en el conflicto estuvieran dispuestos a detener la violencia, poner fin a la guerra y preservar la vida de civiles palestinos e israelíes. Pero esto no se resuelve con frágiles treguas (casi siempre incumplidas).

Lo que se debe hacer es poner en marcha un plan serio y responsable que presente la solución definitiva al problema y que tiene que ver puntualmente con la desmilitarización e internacionalización de Gaza. Aún es prematuro discutir una solución global para el futuro de un Estado palestino y para anticipar el fin de la guerra global contra el terrorismo, pero no para resolver el controversial que significa Gaza.

En cualquier acuerdo de paz que se intente implementar en Oriente Medio, es importante tener presente las intenciones de los regímenes de Irán y Siria y de su aliado para-estatal principal, Hezbolá. Si se piensa realmente preservar a la población civil de Gaza de la violencia, como también proteger a la población israelí de los misiles y evitar una escalada de violencia mayor que pudiera afectar a toda la región, es imposible perder de vista que los regímenes de Irán y Siria, junto a Hezbolá, se oponen a cualquier proceso de paz .

BUENAS INTENCIONES, DÉBILES VOLUNTADES

En una entrevista con Al-Jazeera, el presidente de Israel, Shimon Péres dijo que su país acabaría sus operaciones militares cuando el hostigamiento de Hamas y sus aliados cesara. El presidente palestino Mahmoud Abbas dijo que la Autoridad Palestina estaría dispuesta a asumir su responsabilidad por el bien de su pueblo. Por su parte, el presidente egipcio Hosni Mubarak y el Rey Abdullah de Jordania dijeron que sus gobiernos están dispuestos a resolver la crisis en Gaza si la Autoridad Palestina es parte de ese intento de solución. El presidente de Estados Unidos, Barak Obama, la Unión Europea y las Naciones Unidas afirmaron estar dispuestos a poner fin al conflicto de forma definitiva.

Todo lo anterior suena excelente, pero, ¿cómo se implementan tales positivas declaraciones de mandatarios y organismos internacionales? ¿Cómo se llevan a la práctica?

La ONU ha patrocinado y gestionado durante el pasado distintos sistemas de seguridad en algunas regiones del globo como Bosnia, Timor Oriental y Líbano (si bien, con menos éxito en el país de los cedros, precisamente por la presencia de Hezbolá). De igual modo, la solución a Gaza indudablemente pasa por vía de la ONU y la comunidad internacional, que siempre será mejor que la ultima opción, la vía militar.

Cuando un área cae bajo el control de un grupo político-militar, como es Hamas, que no está vinculado al Derecho Internacional, y la población civil está bajo el fuego debido a las acciones militares de ese grupo, el Consejo de Seguridad de la ONU debe intervenir y aplicar el Capítulo VII de su Carta Constitutiva; ello es inapelable y refiere a la protección de la población civil y al establecimiento de la paz que se haya alterado. En este caso, las Naciones Unidas tiene una obligación de gestión ineludible en Gaza hasta que un Estado palestino responsable y reconocido internacionalmente sea conformado.

INSTRUCCIONES PARA ALCANZAR LA PAZ

Si realmente todos los jugadores regionales desean la paz, la solución es muy sencilla y bien se puede alcanzar con voluntad política y considerando los breves puntos que describo a continuación:

- En primer lugar, el Consejo de Seguridad debería reunirse inmediatamente y declarar Gaza como zona de emergencia bajo el paraguas de Naciones Unidas en virtud del Capítulo VII, y enviar inmediatamente una Fuerza Multinacional de Pacificación a la Franja en coordinación con Israel y la Autoridad Nacional Palestina. Esta fuerza multinacional no debería incluir militares de aquellos países que se encuentren en estado de guerra con Israel o con la Autoridad Palestina y debería tener relaciones diplomáticas con ambos a efectos de la consolidación de la paz. El primer objetivo de la fuerza multinacional debería ser el desarme de Hamas y sus milicias aliadas.

- La Franja de Gaza debe ser totalmente desmilitarizada y las fuerzas israelíes se deberían retirar fuera de las líneas de demarcación del enclave permitiendo que la fuerza multinacional reestablezca la competencia de la Autoridad Nacional Palestina con una institución policial y de seguridad reformada y transparente para proteger en conjunto a la población civil en coordinación con las unidades de la Autoridad Palestina. Al mismo tiempo, La Liga Árabe y la Organización de la Conferencia de Países Islámicos deberían subvencionar todos los gastos necesarios para la fuerza ultinacional de paz y las fuerzas de seguridad de la ANP proveyendo el dinero necesario a tal efecto.

- Debería conformarse un consorcio de países árabes productores de petróleo que junto a los gobiernos de la Organización de Países Islámicos financie con una cifra inicial de 20 mil millones de dólares la reconstrucción de toda Gaza a través de la Administración del Secretario General de la ONU para poner fin a la crisis económica, constryendo nuevas escuelas, hospitales e infraestructura básica. Al mismo tiempo, la Liga Árabe debería comprometerse a otorgar visados y permisos de trabajo a los residentes de Gaza para radicarse en todos los países árabes si así lo desearan. Israel debería comprometerse a permitir que los trabajadores de Gaza puedan viajar a Cisjordania y viceversa bajo la responsabilidad de la Autoridad Nacional Palestina.

- Finalmente, la Autoridad Palestina e Israel deberían reanudar sus negociaciones directas para un acuerdo de paz y el establecimiento de un Estado Palestino con fronteras delimitadas y reconocidas para ambos por la comunidad internacional.

VOLUNTAD POLÍTICA

Mediante estos puntos que menciono se puede lograr que la paz, el bienestar y la seguridad puedan llegar a la población palestina en Gaza, así como a los civiles israelíes que han sido victimas durante los últimos ocho años del lanzamiento de cohetes y misiles. Con estos pocos puntos quedaría muy clara la responsabilidad que deben asumir de las Naciones Unidas, la Unión Europea, la Liga Árabe y la Organización de la Conferencia de Países Islámicos para la paz.

Si el lector llegó hasta aquí en su lectura y cree que esto pudiera tener éxito, infortunadamente debo decirle que no se haga ilusiones. ¡Ni lo sueñe!

Evidentemente un plan de este tipo nunca verá la luz en tanto alguna de las partes del conflicto piense que sólo puede prosperar la solución militar, y en particular, mientras que Hamas y Hezbola sean dirigidos por Teherán y Damasco con instrucciones para mandar a pique cualquier proceso de paz posible.

SIN PREDICCIONES AL FRENTE

En otras palabras, las dictaduras y el accionar de las teocracias regionales continúan imponiendo sus agendas por sobre el anhelo de paz.

La ausencia de libertad y democracia en Irán, al igual que en Siria, más la incompetencia y falta de voluntad política de no pocos funcionarios de la ONU y de la UE, motivan que no se puedan establecer diálogos a través de los cuales se alcance la paz regional.